Miércoles, 06 de enero de 2010

LA VERDADERA LEY QUE DIO DIOS A ISRAEL FUE LA LEY DEL EVANGELIO Y NO TODAS LAS LEYES DEL A.T.

Son muchos los que creen que antes de venir Jesucristo Dios había mandado que se siguieran todas las leyes del viejo testamento, pues creen que Dios dio todas esas leyes pero que después, cuando Dios hizo un Nuevo Pacto nos entregó una nueva Ley, y que, por eso, cuando vino Jesucristo ya no había que seguir muchas leyes del viejo testamento.   Pero es un error creer que Dios dio primero una ley (ley que contenía muchos preceptos que mandaban que unos hombres hicieran daño y mataran a otros hombres) y que después, al hacer un Nuevo Pacto, dio otra Ley.  Y es un error porque en realidad la verdadera Ley de Dios siempre fue la misma:  la Ley del Evangelio.   Lo que cambia en el Nuevo Pacto es el lugar donde Dios escribiría su Ley (la escribiría en el corazón y en la mente de sus hijos en lugar de en tablas de piedra), pero la Ley del nuevo Pacto es la misma Ley que la que Dios había dado en su Antiguo Pacto, es decir, la Ley del Evangelio, pues  la Ley que realmente Dios había dado a Israel era la Ley del Evangelio.  

La Ley del Nuevo Pacto es la misma que la que Dios había dado en su Antiguo Pacto, es decir, la Ley del Evangelio.  Lo que ocurre es que la Ley de Dios había sido cambiada en falsedad en las escrituras  (Jeremías 8:7-8).  Entonces Dios hizo un Nuevo Pacto.  Pero este Pacto no era una Ley diferente a la que Dios había dado desde el principio, sino que era la misma Ley:  la Ley del Evangelio.  Lo que cambiaba en este Nuevo Pacto era el lugar donde Dios escribiría su Ley para que ahí ya nadie la pudiera cambiar en falsedad, pues la escribiría en la mente y en el corazón de sus hijos:

 "He aquí que vienen días, dice Yavé, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Yavé. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yavé: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Yavé; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Yavé". (Jeremías 31,31-33).

Observemos que dice:  "Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón".   Este texto nos dice que Dios daría su Ley en la mente de sus hijos y la escribiría en su corazón.  Es muy importante observar que no nos dice que daría otra ley sino que daría su Ley en la mente de sus hijos y la escribiría en su corazón.  Entonces, en el Nuevo Pacto, Jesucristo nos entregaba la verdadera Ley de Dios.   La Ley que nos trajo Jesucristo (la del Nuevo Pacto), la Ley del Evangelio, era la verdadera Ley que Dios había dado a Israel y que, después, Dios grabaría en la mente de sus hijos y la escribiría en su corazón, ya que, en las escrituras, había sido cambiada en falsedad y el pueblo de Dios ya no conocía la verdadera Ley.  Los siguientes escritos confirman que la verdadera Ley que Dios dio a su pueblo fue la Ley del Evangelio:

"Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto". (1ª Corintios 10:1-5)

"¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años?...... . Porque también estamos evangelizados lo mismo que aquellos; pero no aprovechó la palabra de predicación a aquellos, por no ir acompañada de fe por los que la oyeron... Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos que primero fueron evangelizados no entraron por causa de desobediencia, otra vez fija un día hoy, en David, diciendo después de tanto tiempo, como había sido predicho:  Hoy, si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Hebreos 3:16-4:7.

"Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Yavé sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre". (Isaías 40:1-11).

Estas palabras de Isaías nos las recuerda Pedro, y él nos dice que esa Palabra de Dios que permanece para siempre, es la Palabra que por el Evangelio nos ha sido anunciada:

"Porque:
To
da carne es como hierba,
Y
toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La
hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.

Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada"  (1ª Pedro 1:22-25)

Entonces, en tiempos de Isaías, ya nos avisaban los profetas que la verdadera Palabra de Dios era la del Evangelio.  Y esto también lo confirma la siguiente cita:

"Mas no todos obedecen al Evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestra predicación?"   (Romanos 10:13-17)

Por tanto, la verdadera Palabra y la verdadera Ley que Dios entregó a su pueblo desde antiguo es la que nos fue predicada por Jesucristo, pues Él vino a restaurar la verdadera Ley de Dios porque había sido cambiada en falsedad por los escribas, como nos recuerda Jeremías:

"Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio de Yavé. ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Yavé está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas. Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; he aquí que aborrecieron la palabra de Yavé; ¿y qué sabiduría tienen?" (Jeremías 8:7-9).

Aquí vemos cómo la Ley de Dios había sido cambiada en falsedad por la pluma mentirosa de los escribas.  Y es por eso que el Pacto Antiguo que Dios había hecho con Israel había sido invalidado: "porque ellos invalidaron mi pacto".   Y por eso Dios haría un Nuevo Pacto con su pueblo, pero esta vez grabaría su Ley en la mente de sus hijos y la escribiría en su corazón.    Grabada en la mente de sus hijos y escrita en su corazón, ya nadie podría cambiarla en falsedad (nadie podría confundirles, aunque los escribas volvieran a cambiar la Ley de Dios en falsedad en las escrituras, pues aquellos a quienes Dios grabaría su Ley en la mente y en el corazón ya podrían descubrir lo que es verdadero y lo que es falso, pues reconocerían cuál es la verdadera Ley de Dios, que, por supuesto, es la Ley del Evangelio (amor, misericordia y perdón).

Jesucristo, en el Evangelio, nos confirma cuál es la verdadera Ley que Dios dio desde antiguo y la verdadera Ley que anunciaron los profetas.   Él nos dice:

" todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque ésta es la ley y los profetas". (Mateo 7:12)

En estas palabras de Jesucristo se descubre que la Ley y los profetas no son las leyes del viejo testamento que mandan que unos hombres hagan daño y maten a otros hombres, sino que la Ley y los profetas lo que en realidad mandaba desde siempre es lo que Jesucristo nos enseñó en el Evangelio, es decir, que los hombres practicaran el amor, la misericordia y el perdón ("todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque ésta es la ley y los profetas").


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Publicado por Porque77 @ 10:34
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